Revoloteando en el estómago, y la sonrisa, eterna sonrisa, amplia, inacabable, jugueteando entre sus brazos, riendo como dos niños pequeños, y nada más en el mundo importaba.
Aunque la realidad golpeaba su puerta, ellos no la abrían mientras duraba ese tiempo juntos.
Felices.
Disfrutando.
Amándose.
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